VIRGEN DE LA ESPERANZA

 

   

 

“NUESTRA SEÑORA DE LA RAÍZ”

  

       Existen dos versiones antiguas del origen de la Imagen. Una de fray Mateo Escobar. O. S. A., escrita en la “MICHOACANA THEBAIDA”, EN 1740,  y otra de Dn. Antonio Villaseñor y Sánchez, publicada en 1748, en su “Teatro Americano”. Ambas coinciden en lo sustancial al referir que <<por el año de 1685 vivía en Jacona un indio llamado Juan, compadre de otro llamado Mateo, que vivía en Pajacuarán; pescando ambos en la laguna de Chapala, sacaron y pusieron en su canoa una raíz de camichín que flotaba en el agua y en la que aparecía como una figura de mujer con un niño en el brazo.    Mateo pensaba utilizarla para el fuego, pero Juan se la pidió y la llevo a Jacona,  donde quitándole algunas raíces, apareció con mayor perfección la imagen, a la que más tarde se le puso pasta y barniz en el rostro y en las manos y le cortaron la raíz de la cual pendía en niño, para poder vestir a las imágenes>>. 

         El superior del Convento de San Agustín en Jacona, Fray Jerónimo Sáenz, con varios vecinos acudieron a admirar la Imagen de la choza del indio y comenzaron a llamar a la bendita imagen; Nuestra Señora de la Raíz. 

         La Imagen es diminuta, apenas de un metro con toda y la peana en que posa; es obra graciosa, sin obra de arte antiguo o moderno. Dice la tradición que el Niño, fruto de sus entrañas que originalmente tenía en sus brazos, se lo llevó un Fraile a España y la Señora quedó con <<el rostro elevado; fijos en el Cielo los ojos, al modo como se retratan los bultos de la Asunción de Nuestra Señora>> 

         Antes de la Coronación de la imagen, la vestían como las imágenes coloniales con el vestido en forma de abanico abierto hacia abajo.   A partir de la Coronación y hasta ahora, lleva una camisa interior de lino bordado, un vestido encarnado bordado con hilos de oro, luego una tunicela blanca, el manto azul más corto que el vestido. La cabellera está hecha de pelo natural. 

         La mano derecha está separada del cuerpo y en ella lleva una azucena; la izquierda completamente caída, en actitud de imploración. 

         El rostro es redondo, la boca ligeramente entreabierta deja ver los pequeños dientes superiores. El mentón se pierde casi con el cuello un poco grueso, pero sin hacer desaparecer la gracia del rostro hermosamente juvenil.    Se le ponen zarcillos, anillos y collares. 

         Fray Mateo de Escobar afirmó en su tiempo que <<aun se atiende vestida con algunas raíces, aunque adornada de costosas telas que le han dado la devoción>.

 

Templo de nuestra Señora Virgen de la Esperanza  

Peana

( lat. Pedana             padre, pie)

Base o apoyo para colocar una figura u otra cosa.

Tarima arrimada delante del altar.

Sin pedestal.

Zarcillo 

(Lat. Circellu, circulito)

m, Pendiente (arete)